Sacrificio

Viendo este video de la entrega de medallas del Mundial de Catania, o la celebración, ya se que estoy un poco pesado, de Vezzali al ganar ese asalto(1:45), se puede observar el trabajo y las ilusiones que la gente pone en lo que hace.

 

 

O ver a Pau Gasol llorando cuando ganaron el Mundial de Baloncesto (1:10), o la de Pepu, después de la noticia que recibió aquella noche. Nadie sabe la de cosas que se te pasan por la cabeza en esos momentos, justo cuando te ponen la medalla o te dan el trofeo. Todo tu esfuerzo, dedicación, frustraciones, todas las veces que has tenido que volver a levantarte, todas las veces en las que te has visto solo, todas tus ilusiones, sueños; todo eso que te da fuerza para levantarte cada día a dar lo mejor de ti. Todo eso te viene a la cabeza (creo yo) en ese momento de paz, después de toda la euforia y celebraciones inmediatas, cuando ya tienes la medalla colgada y puedes pensar durante un momento en lo que has hecho, en lo que has conseguido.

Muchas veces me ha parecido algo tonto que los que nos dediquemos al deporte queramos ser los mejores en un “juego” mientras otros ponen todo su empeño en ser el mejor arquitecto, físico, escritor, matemático o médico entre otras. Digamos que lo del deporte es algo mas “tonto” no es algo que vaya a facilitar la vida a los demás. Para uno mismo claro que sirve. Pero dentro de la sociedad es un mero entretenimiento. Pero eso no quita el esfuerzo, dedicación y la fuerza de voluntad que se necesita para ser de los mejores y ver como tus sueños se cumplen. No se si más o menos que ser el mejor médico, pero os aseguro que está cerca. E incluso con todo el esfuerzo del mundo, no se llega a ser lo que querías. Muchas veces por falta de talento o porque ese esfuerzo no se ha llevado en la dirección correcta. Pero eso ya es otro tema a tratar.

Lo que quiero resaltar con este post es que hasta los mejores han trabajado y trabajan muy duro. Se han perfeccionado, han luchado, se han caído y levantado mil veces, han estado a punto de dejarlo otras tantas, han madrugado, han sufrido, corrido y se han esforzado al máximo. Y todo ello, cuando te llega la recompensa, es muy difícil de contener, y hasta el más experimentado suelta una lágrima o se tiene que morder el labio para no ponerse a llorar. Nadal, Gasol o Montano son claros ejemplos de esa ilusión que se tiene desde pequeño por ser el mejor, de esa ilusión que les da fuerza cada día a ellos y a muchos niños y jóvenes que se esfuerzan por llegar a ser los mejores. Habrá gente que no lo entienda. Que no entienda qué tiene de bueno ser de los mejores en esgrima y gente que no entienda cómo es uno capaz de pegarse las palizas que se pega por llegar a ser de los mejores.

No hay nada que entender, hay que sentirlo.

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